viernes, 2 de marzo de 2018

LA VICTORIA DE CARLOS ALVARADO ES POSIBLE Y MERITORIA

Las encuestas van a cambiar en favor de Carlos Alvarado. Los debates le darán un venturoso empuje. Las cosas se irán complicando más en el lado de Fabricio. El "combate" es todo suis generis mientras el tictac del reloj sigue marcando el tiempo. El primer debate anunció las nuevas condiciones de la elección. Borrón y cuenta nueva. Lo que seguirá será de película.
Se escabulle, baila sobre su propio eje, hacia atrás, busca las cuerdas para guarecerse de su propio fantasma, espectro no otro que el de una propia y proverbial ignorancia de lo público. Por supuesto que me refiero a Fabricio. El desempeño de este caballero hirió al Cantinflas de Mario Moreno, destruyó la razón de ser de la jocosidad. Su brincadera fue insulsa y sin moraleja. Su espectáculo fue desabrido y abyecto para una elección presidencial.

No sería de extrañar que Fabricio empiece a cancelar debate tras debate. Que el miedo que le provoca su incapacidad lo carcoma, que le falle el verbo fácil y la pose ensayada. Necesita batirse en retirada en busca de un espacio seguro y de una zona de confort hecho a su medida.

Carlos Alvarado no tuvo rival ni hubo debate en sentido estricto. Carlos fue literalmente superior en todo, estuvo solo, dedicado a dibujar un contraste entre una persona que sabe de los temas y otra persona que no sabe nada de nada.
El Alvarado preparado no tuvo necesidad de buscar el cuerpo a cuerpo con su contrincante ni de golpearlo. En el fondo, en este cuadrilátero especial de la segunda vuelta, los boxeadores fueron 3 y 2 los combates. De un lado, Carlos Alvarado haciendo muy explícito el contraste entre él y su contraparte, asunto que Carlos resuelve por nocaut técnico; por otra parte, Fabricio enfrentado fuertemente con su propia sombra, a un alter ego asustado, acobardado o, si se quiere, huidizo y espantado.
Fabricio ya se está dando cuenta que una cosa es predicar en un templo y otra, muy distinta por cierto, dirigirse a toda la nación donde el deber del candidato es conocer a fondo los problemas del país y ofrecer soluciones fundamentadas. Decía que en el fondo no hubo debate ni controversia, porque Fabricio se dedicó a huir de sí mismo y Carlos a contestar con propiedad y aplomo las preguntas del moderador.
Es innegable el carisma de Fabricio entre los suyos, entre su base o barra brava; es un carisma que a lo sumo atrapa a medio millón de electores, número que no alcanza obviamente para hacerse con la presidencia de la república. Ciertamente el carisma de Fabricio no es una cobija que pueda extenderse fácilmente más allá de las fronteras marcadas por los resultados en la primera vuelta. Su carisma se encuentra hoy severamente limitado. Pero ojo, mucho cuidado, porque ese medio millón de voluntades es muy obediente y se encuentra altamente motivado. Frente a dicho “ejército” hay que oponer otro que responda a la causa de la democracia y la república; este debe ser un “ejército” tan intenso y abnegado como el otro.
Otro, sin embargo, es el cantar para Carlos Alvarado que tiene los recursos personales e ideológicos para atraer hacia sus tiendas a muchos electores que no votaron por él. En fin, Carlos Alvarado lo tiene todo para estar a la ofensiva.
La pregunta del millón es si Carlos debe buscar a su contrincante con el afán de sacar partido de las insólitas falencias de su contrincante. Mi juicio es que Carlos debe hacerlo, cuidando eso sí, que su ofensiva no se traduzca ni sea percibida como arrogancia y desprecio.
Ciertamente que en esta elección surge con Fabricio una corriente amarga “antiintelectual”, abrazada fervorosamente por la teología de la prosperidad, que enuncia que la vida social debe someterse a las revelaciones y no a la razón, al proselitismo y no a la ciencia. Esta contraposición maniqueista, reduccionista, termina por declarar una guerra en contra del “ser intelectual” por ser él fuente de “inútiles desviaciones humanistas”. Este sentimiento profundamente “antirenacentista" es una realidad que la presente elección a puesto al descubierto, realidad que hay que considerar y saber medir en defensa de los más encarecidos valores republicanos. Pero a su vez, esta miopía es una formidable valla en el propio campo de Fabricio y que le impide hacer consideraciones más cercanas a la realidad.
De una fuente 100% creíble que por obvias razones no debo ni puedo divulgar, la dirección política de Fabricio se debate un día sí y otro no en cómo mantener la ventaja numérica al día de hoy. Al interior de dicho grupo se dice lo siguiente: 1. que la estrategia consiste en mantener los números ventajosos hasta el día de las elecciones; 2. que es imposible aumentar la ventaja considerablemente y que, en todo caso, ven posible triunfar, si la abstención se mantiene y si Fabricio modera el mensaje, desplazando los temas controversiales por otros más inocuos; 3. que las declaraciones de Francisco Prendas causaron un cisma en el círculo cerrado de Fabricio, sobre todo entre Carlos Avendaño y Prendas, pues según se me relató Avendaño dijo “si seguimos así perdemos las elecciones.” 4. que Prendas vetó la contratación “del chileno Iván” mientras que Avendaño la favoreció; 5. que el Fabricio público difiere del privado, por cuanto este último ya resiente la carga que implica el no estar preparado para algo que nunca imaginó; 6. que Prendas a regañadientes salió a la prensa para disculparse públicamente por sus declaraciones homofóbicas al ser presionado por Avendaño; 7. que en el devenir accidentado de la campaña política, Avendaño ha tenido que salir al paso para afirmar su condición de jefe político de Restauración frente a las poses puramente religiosas de Alvarado y Prendas y frente a ciertas “tortas” que comenzaron con el incidente en San Carlos, donde un grupo de madres y padres protestaron en contra de la ministra de Educación y con la participación de una exasesora de Fabricio; 8. que la “gerencia de campaña” no sabe si conviene atacar directamente a Carlos Alvarado por su asocio con el presidente Solís, o simplemente ignorarlo sobre todo en los debates; 9. que lamentan haber fracasado en el intento por conseguir alguna adhesión de los expresidentes.
Fabricio se inclina por no arriesgarse mucho. Ahora RN se encuentra paralizado en cuanto a asumir riesgos. La carta firmada por 22 diputados, incluyendo a dos del PAC, en protesta ante la “injerencia” de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en nuestros asuntos, es una “oda a la ignorancia” como bien lo dijo la Defensora de los Habitantes. Pero es una movida calculada del fabricismo para parapetarse detrás de otros legisladores “apóstatas” e incultos y con ello satisfacer a su base por el momento, minimizando el factor riesgo.
Puedo entender por lo que se me ha contado que el equipo de Fabricio no ve una victoria fácil y exenta de riesgos. No es difícil concluir que el principal obstáculo que Restauración tiene para triunfar reside en el candidato mismo, es decir, en Fabricio Alvarado. No tiene él ninguna “pegada” en los debates y su principal capital político se agotó en la primera vuelta, no siendo el caso de Carlos Alvarado quien tiene frente a sí un mar de oportunidades para seguir sumando. El obstáculo más importante para Carlos Alvarado no es su contrincante, sino en cómo traducir su mensaje en uno de esperanza en el lenguaje vernáculo y mental de los estratos más pobres de nuestra sociedad. Es ahí donde el candidato y su publicidad debe martillar. Los votos de la victoria se buscan en todas partes pero, en particular, hay que asegurarse una buena proporción de apoyo entre los que menos tienen si de triunfar se trata. La oportunidad es de oro. Carlos no tiene que distraerse con un rival de poca monta, asunto le permite concentrarse en aumentar fuerzas ahí donde ha sido débil.
No por ello hay que menospreciar al rival. Todo lo contrario. Yo animaría a Carlos a que ponga en evidencia cada vez que pueda la insolvencia intelectual de su adversario. La política electoral demanda malicia y humildad. No le pase a Carlos Alvarado lo que a Daniel Oduber en 1966 cuando nuestro benemérito dio por segura su victoria y despreció a José Joaquín Trejos Fernández, al hombre de “las manos limpias”, a “cielito lindo”, al candidato de la entonces Unificación Nacional, colores azul, amarillo y azul. Cero desprecio por el rival.
Hoy Carlos Alvarado no se encuentra en condiciones de pregonar una delantera. Carlos debe estar en guardia, atento y a la ofensiva. Digamos que en política no hay rival pequeño por más incompetente que sea. La victoria de Carlos Alvarado es posible si aprovecha todas sus ventajas para sumar y sin menospreciar ninguna.

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