jueves, 30 de agosto de 2018

En el desierto, la amistad

En honor a Nancy...

Viajar en el desierto es peligroso. Una vez lo hice, en México, con la mayor precaución. El Desierto de Sonora tiene 311,000 kms cuadrados. Todo él es impresionante. Volviendo la mirada atrás, rememorando sus sobrecogedores y alucinantes paisajes, y lo pequeño y vulnerable que uno es, me es providencial ahora discursar sobre el valor de la amistad.
Puede ser que en la travesía te desmayes a causa del calor o que quedes cegado por la luz. Pero hay cuevas que proporcionan sombras seguras. Hay lugares, hay momentos, y hay personas, que dejan en ti un rastro de belleza, en medio del desierto, en medio de sus cuevas, en medio del día árido y cálido, en medio de la gélida noche y del estruendoso silencio.
Fueron ellas las rosas de mi desierto.
Las mejores travesías se recorren en la geografía del alma. En ellas, se llega lejos, más lejos de lo sospechado. Cuando el alma recorre el desierto, y cuentas los pasos como el tic tac de un reloj desfallecido, y aparece la persona o la tribu precisa, te das cuenta de lo mucho que vale una gota de agua, que se transforma en un dulce mar, y de lo mucho que vale una sombra que se vuelve noche estrellada y primaveral.
Amo a los amigos nacidos en las enredaderas de la primavera, que las flores intercambiamos; pero a los amigos que nacen del revuelo del desierto, de su arena y de su sed, del cactus y de su cueva, de la espina y de su frío, yo les susurro ternura a ellas, a ellos, que son hermanas, hermanos, del silbido del amor probado y la amistad encendida.
El amor, así dispuesto, no es distracción ni emoción, sino amistad fraterna. Planta escasa y de difícil cultivo, que es cúspide por encima de sus lindas hermanas, magnificente entre la flora. No es en el dar o en el recibir, sino en el “juntos forjar”, donde el amor encuentra su fina seda, donde encuentra su lecho prodigioso y su pulcra estampa, porque no hay mayor ciencia que la del amor fraterno, que es decir, amistad cumplida.
"Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, fui forastero y me recibiste".
Por la vida he pasado por muchos exilios y a todos sus desiertos sobreviví, conmovido, más bello y más profundo. Con la arena hice flores de amaranto que al viento ofrecí, y que una nube llovió como loca, entre brisas asombradas. La amistad nacida en desiertos, forjada entre sed y luz quemante, no es otra cosa que amor profundo y sincera insurrección. Sea memoria el desierto en nuestro conmovido corazón y sea también aurora del porvenir.

https://www.elpais.cr/2018/08/29/de-la-amistad-fraterna/


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